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Fokacha, últimos días… (III)

Hasta el próximo sábado, día 2 de julio, viviremos bajo el influjo de sentimientos encontrados. Pena, por lo que dejaremos atrás, e ilusión, por el proyecto que viene, @molapizza y del que poco a poco ya os vamos avanzando cositas.

 

En la corta, pero intensa vida de Fokacha, ha habido un plato que se ha ganado a pulso permanecer en nuestra memoria para siempre, ese es la caponata con anchoa.

 

Una elaboración nacida en las entrañas de las cocinas de los pueblos, que se abastecían de los recursos aportados por el entorno. En el caso de la caponata, ese lugar de origen es Sicilia, una isla en mitad del Mediterráneo colmada de huertos con hortalizas y olivos. Son las berenjenas y las aceitunas las que marcan el carácter de esta preparación tan sencilla como sorprendente.

 

Para César, el secreto a la hora de cocinar esta especie de pisto italiano, que es la caponata, reside en “la cebolla y el apio bien picaditos, para conseguir que el guiso quede bien integrado y homogéneo; al igual que la berenjena, que al freírla en dados pequeños ganamos una textura untuosa, que casa fenomenal con aderezo final de la anchoa”.

 

Para David Maestre, cocinero de Fokacha, en cambio, el detalle primordial del plato es el pochado, porque “la caponata, como todo guiso que aspire a estar rico, se asienta sobre la base de un pochado lento, en este caso, de la cebolla y el apio, que propicia la concentración de los jugos de los ingredientes a través del elemento graso, el aceite de oliva, hasta obtener una consistencia acaramelada.”

 

El asunto es que la caponata, por su sabor extraordinario, MOLA, por ello, se ha ganado a pulso continuar con nosotros en el nuevo proyecto. Ya veremos cómo encajar esta maravilla en la nueva oferta, con anchoa o sin ella.

 

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